miércoles, 31 de octubre de 2012


LA PRESENTACIÓN DE "CUENTOS DE LA MINA" 
TUVO MUCHO ÉXITO


La presentación de la obra de Víctor Montoya, que se llevó a cabo en el auditorio del Sistema de Archivo de la COMIBOL, concitó el interés de los ciudadanos alteños, en especial de las familias mineras que, antes y después de la “relocalización” decretada por el gobierno de Víctor Paz Estenssoro en 1985, se establecieron en esta ciudad. 

El ex ejecutivo de la COB, Edgar Ramírez, y el historiador Luis Oporto, ante un auditorio lleno de expectativa y emoción, destacaron la trayectoria intelectual del autor y dedicaron palabras ponderables a favor de la narrativa de ambiente minero. Ramírez destacó el estilo literario moderno en “Cuentos de la mina” y el “realismo fantástico” que se aprecia en sus páginas.

Víctor Montoya, durante su intervención y a tiempo de agradecer a los auspiciadores del evento, manifestó que “Cuentos de la mina” es una obra nacida desde lo más profundo de su ser, no sólo porque se identifica plenamente con este sector del proletariado nacional, sino también porque su trayectoria literaria está marcada por sus vivencias en las poblaciones mineras del norte de Potosí, donde vivió desde su más tierna infancia, hasta el día en que fue apresado, junto a un grupo de dirigentes mineros, que se enfrentaban contra la dictadura militar de los años 70, en procura de recuperar la democracia y la libertad del fuero sindical.

El libro es, señaló el autor, un reflejo de los mitos y las leyendas sobre el Tío de la mina, que se conservan en la memoria colectiva y cuyas aventuras se cuentan de boca en boca en los campamentos mineros. Estos mitos y estas leyendas forman parte de la cosmovisión andina, en la cual se amalgaman las creencias ancestrales de las culturas originarias y las influencias de la religión católica desde la época de la colonia, afirmó.

Las personas presentes en el auditorio, que siguieron con interés las exposiciones de los comentaristas y del autor de “Cuentos de la mina”, cerraron el acto entre aplausos, abrazos y opiniones positivas. No faltaron las voces que afirmaban que la presentación de esta obra fue oportuna debido a que justo este 31 de octubre se celebra los 60 años de la nacionalización de la minas. Tampoco faltaron los parabienes para el autor, quien se comprometió a seguir impulsando la literatura minera, por considerarla una de las vetas más ricas de la cultura nacional y un material que forma parte de la memoria histórica.

Foto: Edgar "Huracán" Ramírez (en el micrófono), Luis Oporto, Víctor Montoya y Milton Márquez

jueves, 25 de octubre de 2012


INVITACIÓN


Todos quedan cordialmente invitados a la presentación del libro “Cuentos de la Mina”, que se efectuará el martes 30 de octubre, a Hrs. 15:00, en el auditorio del Archivo Histórico de la Minería Nacional de la Corporación Minera de Bolivia de la ciudad de El Alto.  

lunes, 22 de octubre de 2012


VÍCTOR MONTOYA PRESENTARÁ SU LIBRO, 
"CUENTOS DE LA MINA", EN LA CIUDAD DE EL ALTO


El próximo martes 30 de octubre, en el Auditorio del Sistema de Archivo de la COMIBOL, ubicado en la ciudad de El Alto (Calleja Del Archivero, No. 100, zona Ferropetrol, al lado de la Fuerza Aérea Boliviana), se presentará a las 16:00 hrs. el libro “Cuentos de la mina”, la exitosa obra del escritor Víctor Montoya, quien retornó al país después de treinta cuatro años de ausencia.

El acto, que se desarrollará en el marco del programa de conmemoración de los sesenta  años de la nacionalización de las minas, cuyo Decreto se firmó el 31 de octubre de 1952 en la población de Catavi, está auspiciado por el Archivo Histórico de la Minería de COMIBOL y contará con la presencia de destacadas personalidades del ámbito cultural, social y político.

La presentación y los comentarios estarán a cargo del líder minero Edgar Ramírez, ex ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB), Director de los Archivos Históricos de la Minería Nacional y del Sistema de Archivo de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL), y de Luis Oporto Ordóñez, historiador, archivista y Director de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional.

El autor del libro, consciente de la importancia que reviste esta presentación en la ciudad de El Alto, manifestó su agradecimiento a las personas implicadas en la preparación de este evento que, una vez más, pondrá de relieve a la literatura minera en el contexto de la literatura nacional.

El eje temático del libro

“Cuentos de la mina”, compuesto por 25 relatos de extensión variada, es un regio escaparate donde se exponen las vertientes más fascinantes del mundo minero, cuyas creencias están vinculadas tanto al paganismo de las culturas ancestrales como a la religión católica llegada de allende los mares. El libro, además de contar con el prólogo del español Benigno Delmiro Coto, está ilustrado con fotografías de Jean-Claude Wicky, Stanislas de Lafon, Barbara Lindell, Christopher Hines, Joson Devit y Manuel L. Acosta, entre otros.

En “Cuentos de la mina”, como en toda obra de creación literaria, se explayan las modernas técnicas narrativas, a partir de un eje temático que pone en primera plana las aventuras y desventuras del Tío de la mina; un personaje que simboliza el sincretismo religioso y el mestizaje cultural desde la época de la colonia.

El Tío de la mina, cuya imagen diabólica está esculpida en las galerías, está considerado como el guardián de las riquezas minerales y el amo de los trabajadores del subsuelo, y así como concede gracias a quienes le rinden tributo con afecto y devoción, es también implacable y cruel con quienes lo ignoran o se burlan de él.

A la pregunta formulada por una periodista: “¿Por qué, en su visión rescata al Tío como personaje principal de las minas y no así al minero como tal?”, Víctor Montoya contestó de manera concluyente: “Porque quería diferenciarme de los escritores que cultivaron y cultivan la literatura del llamado ‘realismo social’, donde se habla de los triunfos y las derrotas del proletariado minero. Hay muchas obras, tanto en el género del cuento como de la novela, en las que se retrata al indígena que se proletariza, al minero sindicalizado que se enfrentó, primero, contra la oligarquía minero-feudal y, después, contra los gobiernos nacionalistas y neoliberales, en aras de conquistar sus reivindicaciones socioeconómicas. Lo que yo hice, a diferencia de estos escritores de la literatura minera, fue rescatar los mitos y las leyendas que existen en la tradición oral de los Andes, donde se siente con todo su vigor la mitología del Tío de la mina; un ser ambivalente, mitad dios y mitad demonio. De modo que mis cuentos, más que narrar la realidad social del minero, recrean la figura del Tío desde una perspectiva del realismo mágico o fantástico, que forma parte de la cosmovisión andina, con una fuerte presencia de las creencias y supersticiones de las culturas ancestrales”.   

No cabe duda de que este libro, a lo largo de sus 183 páginas, rescata, con una prosa ágil y verosímil, el imaginario popular en torno a la mitología del Tío, y, por eso mismo, es diferente a la narrativa tradicional de la literatura minera, en la cual, de un modo general y casi por antonomasia, confluyen las historias en lo mismo: la tragedia, las injusticias sociales y las luchas reivindicativas del movimiento sindical.

Por otro lado, en cada uno de los cuentos es fácil identificar los atributos que identifican a la mina: el ulular de la sirena; un elemento que, junto a la jaula, los rieles, los vagones y las maquinarias, es tan importante como el casco de protección, el overol, las botas y la lámpara en la faena de la mina, donde la oscuridad, la humedad, los gases y los derrumbes, son otros de los elementos descritos de manera magistral en “Cuentos de la mina”.

El autor del libro, reconocido por su fecunda labor literaria tanto a nivel nacional como internacional, confesó que escribió estos cuentos a partir de sus vivencias personales y la estrecha relación que mantuvo con los mineros en el norte de Potosí, donde muchos de sus familiares fueron trabajadores del subsuelo. Conoce esa realidad dantesca desde que tiene uso de razón y se considera orgullosamente un “hijo de entrañas mineras”.


Opiniones sobre “Cuentos de la mina”

“Leer Cuentos de la Mina significa sumergirse en el mundo sincrético de las creencias mineras de Bolivia. Los textos, como si fueran galerías de una mina, se van adentrando en las diferentes actualizaciones del sincretismo religioso que supone la figura y leyenda del Tío, así como su significación para los mineros. En estos textos, caracterizados por un decidido tratamiento de la materia narrativa, el lector se enfrenta a lo que ya va siendo una constante en la narrativa de Montoya: el distanciamiento del narrador, la precisión, a veces la crudeza de estirpe casi naturalista, con el que se describen hechos violentos o tremendos, al mismo tiempo que la resolución de la trama opera en un registro de modulaciones mágicas, de manera que más que hablar de realismo mágico podríamos hablar de naturalismo mágico en estos relatos” (Leonardo Rossiello).

Cuentos de la mina vendría a ser una especie de biografía del Tío, es un libro que con sus relatos fascinantes, sus minuciosas descripciones en un lenguaje fluido, en ocasiones poético, y sus ilustraciones, constituyen un valioso aporte al conocimiento de las creencias, mitos, ritos y leyendas que desde siglos sustentan el mundo de los trabajadores mineros” (Giancarla de Quiroga).

“El maravilloso libro de Víctor Montoya, Cuentos de la mina, aclara desde la literatura todo aquello que los historiadores no podemos captar con la sencillez e inmediatez que es tan propia de los escritores de raza. Y Montoya ha probado sobradamente que lo es. En su obra, sin teorías venidas de otros oficios, el autor recrea con naturalidad el imaginario del minero boliviano a través de una serie de cuentos en donde quedan plasmadas las desdichas y esperanzas de ese colectivo humano utilizando como marco de encuadre a uno de los personajes más emblemáticos del sincretismo americano: El Tío de la Mina, dueño sobrenatural y soberano absoluto de la oscuridad y sus riquezas” (Fernando Jorge Soto Roland).

“Víctor Montoya rescata prolijamente las tradiciones y leyendas de la mina y se convierte en un cronista del mundo fantástico que emerge del socavón. Sus relatos son metáforas sobre la existencia fantasmal que se atribuye a los mineros más empobrecidos, muertos en vida por la silicosis y la ausencia de horizonte. Sin haber tenido la vivencia de penetrar en la mina es difícil describir con tanta propiedad esa sensación de ahogo, de oscuridad absoluta y de humedad sexual que se respira en los socavones” (Alfonso Gumucio Dagron).

“Este libro es el fiel reflejo del pensamiento, los sentimientos, usos y costumbres que caracterizan a las poblaciones mineras bolivianas y su entorno físico andino, ya que los hechos en él relatados, se desarrollan en los centros mineros de Siglo XX, Potosí y Oruro, en cuanto a las manifestaciones mitológicas y legendarias que dan origen a acontecimientos culturales de extraordinaria magnitud, como el Carnaval de Oruro y los ritos litúrgicos propios de una religión ecléctica que rige en América desde el desenlace de la dominación española” (Alberto Guerra Gutiérrez)

Datos del autor en las solapas del libro

Víctor Montoya nació en La Paz, el 21 de junio de 1958. Escritor, periodista cultural y pedagogo. Vivió desde su infancia en las poblaciones mineras de Siglo XX y Llallagua, al norte del departamento de Potosí, donde conoció el sufrimiento humano y compartió la lucha de los trabajadores del subsuelo, cuyas grandezas y tragedias, profundamente ligadas al realismo mágico y mítico de las culturas ancestrales, se reflejan vehemente en una de las facetas más vitales de su obra literaria.

Estudió la primaria en la escuela Jaime Mendoza, el ciclo intermedio en el Colegio Junín y la secundaria en el Colegio Primero de Mayo. Fue testigo de la masacre de San Juan en 1967 y dirigente estudiantil hasta mediados de 1976, año en que la dictadura militar de Hugo Banzer Suárez, que asaltó el poder en agosto de 1971, lo persiguió por sus actividades políticas. Permaneció clandestino en el interior de la mina y en una casa de seguridad en la ciudad de Oruro, donde cayó a merced de las fuerzas represivas junto a un grupo de dirigentes mineros.

Estuvo preso en el Panóptico Nacional de San Pedro y en la cárcel de mayor seguridad de Viacha-Chonchocoro. Durante su cautiverio, burlando la vigilancia de los guardias, escribió su libro de testimonio Huelga y represión, cuyas páginas se filtraron por los sistemas de control gracias a la valiente y decidida cooperación de su madre, quien lo visitaba en la cárcel cada vez que las autoridades de gobierno se lo permitían.

En 1977, luego de una campaña de Amnistía Internacional, que reclamó por su libertad y lo adoptó como a uno de sus “presos de conciencia”, fue sacado de la prisión por un piquete de agentes y conducido directamente al aeropuerto de El Alto, desde donde fue exiliado a Suecia, como la mayoría de los refugiados latinoamericanos que fueron expulsados de sus países tras el advenimiento de las dictaduras militares.

En Estocolmo, donde fijó su residencia, trabajó en una biblioteca municipal coordinando proyectos culturales, impartió lecciones de idioma quechua y dirigió Talleres de Literatura. Cursó estudios de pedagogía en el Instituto Superior de Profesores y ejerció la docencia durante varios años.

En su extensa obra, que abarca el género de la novela, el cuento, el ensayo y la crónica periodística, destacan: Huelga y represión (1979), Días y noches de angustia (1982), Cuentos violentos (1991), El laberinto del pecado (1993), El eco de la conciencia (1994), Antología del cuento latinoamericano en Suecia (1995), Palabra encendida (1996), El niño en el cuento boliviano (1999), Cuentos de la mina (2000), Entre tumbas y pesadillas (2002), Fugas y socavones (2002), Literatura infantil: Lenguaje y fantasía (2003), Poesía boliviana en Suecia (2005), Retratos (2006) y Cuentos en el exilio (2008).

Dirigió las revistas literarias PuertAbierta y Contraluz. Es miembro de la Sociedad de Escritores Suecos y del PEN-Club Internacional. Dictó conferencias en China, España, Alemania, Suecia, Francia, México, Venezuela, Estados Unidos y otros países. Su obra está traducida a varios idiomas y tiene cuentos en antologías internacionales. Está considerado por la crítica especializada como uno de los principales impulsores de la moderna literatura boliviana. Obtuvo el primer Premio Nacional de Cuento en la UTO, Bolivia, 1984; el Premio de Cuento Breve del Semanario Liberación, Suecia, 1988; el primer premio de Cuento de Escritores de la Escania, Suecia, 1993; fue uno de los ganadores del Concurso Internacional “Sexto Continente del Relato Erótico”, convocado por Radio Exterior de España (2010). Escribe en publicaciones de América Latina, Europa y Estados Unidos.

viernes, 19 de octubre de 2012


ENTREVISTA A DARÍO MANUEL LUNA


Respeto a todos los escritores sin discriminación

Por: Miguel Lundin

Dario Manuel Luna es uno de los integrantes de la generación Yerba X y ha escrito una excelente novela breve titulada “Khari Khari”, su deseo es inmortalizar la imagen de este personaje de nuestra mitologia andina. Y yo estoy bien seguro que ya lo ha logrado.

- ¿Desde que edad decidiste que la literatura era lo que realmente querías hacer en esta vida?

- No lo sé, pudo haber sido a mis ocho años, cuando me enteré, a través de la radio, que mis hermanos habían salido finalistas ganado en el festival de interpretación poética que estaba a cargo de la radio Bajai (supongo que se escribe así, no me acuerdo bien), allá por Oruro; o quizá haya sido a través de los cuentos populares que eran narrados por mi padre en noches en que, apostados con mis hermano, lo escuchábamos en silencio. Quizá pudo ser a mis trece años, cuando, con el primer sueldo de trabajo, me compré una guitarra y pude escribir canciones, luego poemas. Pero también pudo haber sido el amor, o las lecturas, no sé, creo que fue un proceso, ¿no crees?

-¿Qué historia cuentas en el cuento “Khari-Khari”?

- Amigo Lundin, debo aclarar en esta entrevista que el “Khari-Khari”, no es un cuento, es una obra literaria que tiene la intención de ser una novela corta a razón de su estructura y extensión narrativa. El “Khari-Khari” trata de la historia de Macario Salinas Medinaceli —joven egresado de la carrera de antropología, UMSA—, que decide ir de vacaciones a Copacabana, en su primer día, encuentra en el cerro Kesani un viejo pergamino con la escritura de aquel ser misterioso llamado, así mismo, Khari - Khari. Lo que viene después, yo mismo no sé cómo explicar, hasta el momento aún me encuentro perturbado. Sólo puedo decir que el Khari-Khari, existe.

- ¿Tienes trabajos inéditos actualmente?

- No sé, escribo y dejo de escribir, y en algún momento, no muy lejano, ni muy cercano, se convertirán para mi mala suerte en escrituras inéditas...

- ¿Escribes solamente cuentos o practicas otros géneros literarios?

- Yo escribo literatura, y en ese marco, el género me es irrelevante.

- Cuéntanos sobre tu primera experiencia narrativa y de cómo elegiste ser un narrador....

- Mi primera experiencia narrativa, gloriosa, hasta me decían señor, debí tener mis veinte años y ni siquiera había publicado un solo libro, ahora que he publicado mi primer libro, no soy nada, no soy nadie, sigo siendo un completo extraño en el mundo literario, ahora, nadie me dice señor; es más, nadie me dice nada. Les digo que soy escritor y se ríen en mi cara. Les dije que he publicado un libro y dudan de mi capacidad, ¿quién compra mi libro?, solamente los que sabemos, los amigos, los conocidos. La literatura está flaca en Bolivia, ¿o es el escritor quien esta flaco?, lectores, no los escucho.

- ¿Cuáles son tus influencias narrativas a la hora de escribir?

- Nelson Van Jaliri, Daniel Medinaceli, ambos, escritores potosinos, son los que me inspiran bastante, incluso para responder esta entrevista. Escribir, ya no es un asunto de influencia, ahora es un asunto del corazón, de la convicción y de la decisión. Escribir es reconocernos y de ver que es lo que estamos haciendo. Los grandes escritores tuvieron su tiempo, ahora el tiempo es nuestro, ha llegado el momento de hacer historia, como Nelson y Daniel en esas áridas tierras de Potosí.

- ¿Intentas rescatar las leyendas populares de la imaginación de los antiguos pobladores de Bolivia con cuentos como “Khari-Khari”?

- No. Eso sería una burla para nuestros hermanos. Yo voy más allá, algo que ni siquiera tú lo habrías pensado. La idea es inmortalizar universalmente al Khari-Khari, como aquella novela titulada: “Drácula”, nosotros también tenemos nuestro personaje misterioso, nada envidiable y, además, con nuestra propia cosmovisión.

- ¿Qué autores bolivianos contemporáneos son tus favoritos?

- No tengo autores bolivianos favoritos, respeto a todos los escritores sin discriminación.

- ¿Segurías escribiendo historias basadas en creencias folklóricas o ampliaras tus registros narrativos?

- ¿A qué te refieres con ampliar mis registros narrativos? ¿Te imaginas lo que hicimos por ampliar nuestros registros narrativos? Ni siquiera queremos hablar nuestro idioma nativo, al contrario, queremos hablar y escribir en inglés o francés. Quieres escribir buena literatura, fíjate primero en nuestra cultura, en nuestras raíces ancestrales. Debemos ser nosotros mismos, no pretender ser otro.

LUNA, para servirte...


Darío Manuel Luna es novelista y cuentista alteño. Autor de la novela corta Khari-Khari (Yerba Mala Cartonera, 2006) y del cuento Por qué estás llorando (2007), ganador del Concurso de Cuento Breve "Oscar Cerruto". Es miembro fundador de la editorial artesanal Yerma Mala Cartonera y responsable del blog literario: Letras Bolivianas (http://dariomanuel.blogspot.com/), que está en el ciberespacio desde octubre de 2006

miércoles, 17 de octubre de 2012


MUSEO ANTONIO PAREDES CANDIA


Crónica de Víctor Montoya

A poco de estar viviendo en El Alto, una entrañable compañera me comentó que muy cerquita del Mercado Satélite estaba el museo que lleva el nombre de don Antonio Paredes Candia, el escritor paceño que se alteñizó por voluntad propia. No dejé pasar mucho tiempo y, por pura curiosidad, tuve ganas de conocer el lugar donde construyeron el edificio. Así es como una mañana, tras recorrer por un laberinto de calles, bajo un sol que no calienta sino que quema en estas alturas de la cordillera andina, me topé con un mirador de fachada rosada y un frontis de color violeta en el cual se leía: “Museo de Arte Antonio Paredes Candia”. Era el mismo edificio que andaba buscando.

A unos pasos de la entrada principal se erige el monumento al escritor y al lado está la tumba que él mismo eligió. No es para menos, ya que don Antonio Paredes Candia, después de pelearse casi diez años con los burócratas de la municipalidad, buscando un terrero para edificar su anhelado museo, encontró, con la ayuda de su sobrino que por entonces fungía como burgomaestre, un terreno para ver realizada la obra de su vida: construir el primer museo en El Alto, justo en el mismo lugar donde antes estaba el estanque de agua. No se equivocó, pues el edificio está en medio de una población en permanente renovación, con gente joven y rebelde, que quiere que el museo dignifiqué la cultura que siempre se mereció esta ciudad.

Don Antonio Paredes Candia, con todos los “peros” impuestos por sus detractores, dejó su legado no sólo en el museo, sino también en la ciudad, donde puso el nombre de héroes e ilustres personalidades a las calles y avenidas. Tampoco está por demás decir que fue enemigo declarado de los individuos que, ostentando su embestidura de autoridades, cometían atropellos indignos contra los más indefensos del pueblo. Asimismo, odiaba a los gobernantes que se aprovechaban de los recursos naturales de su “infortunada patria” para amasar fortunas, como lo hizo Gonzalo Sánchez de Lozada, quien, además, tuvo la osadía de ensangrentar al pueblo alteño, antes de huir de las manos de una turba enfurecida dispuesta a lincharlo y colocarlo en la picota del escarnio.

Cabe recordar que el afamado escritor paceño fue vecino de Villa Ingenio por más de quince años y que participó en todas las actividades de su zona, donde vertieron su sangre el mayor número de víctimas de la Guerra del Gas, en ese “Octubre Negro” del 2003, que se tornó más negro todavía por el sollozo de una población herida y conmocionada. Fue en esa ocasión en la que don Antonio Paredes Candia, con la experiencia y valentía que lo caracterizaban, no dejó de fustigar a los rebeldes ni dudó en calificar de ¡asesino! al mandatario de la nación, en medio de voces eufóricas y aplausos de una muchedumbre dispuesta a defender los recursos naturales al son del grito de guerra: ¡El Alto de pie, nunca de rodillas! 

En este museo, aún poco visitado y conocido por propios y extraños, se levantaron los cimientos de un mirador circular desde el cual se divisa una parte de La Hoyada, con sus edificios y cumbres nevadas bajo el límpido sol del altiplano. No cabe duda que, con una torre más alta y un magnífico telescopio, podría también contemplarse toda la ciudad de El Alto, que se extiende a lo largo y ancho de la meseta como un aguayo de múltiples colores.

Aunque don Antonio Paredes Candia no era alteño de nacimiento, como los millares de pobladores que habitan en esta urbe, se sentía un alteño de corazón y lo dio todo por esta ciudad, incluso sus reliquias personales, como su abrigo, sombrero, chalina, bastón y hasta su poncho de vicuña, que lucen en la sala que él ocupó en los últimos años de su vida. Todo hace pensar que este escritor de bastón y colita plateada, presintiendo el ocaso de su existencia, preparó todos los detalles de su entierro, disponiendo que sus bienes -valuado actualmente en medio millón de dólares y consistentes en una colección de más de 500 obras de arte, entre pinturas, esculturas, pieza de cerámica y su biblioteca particular con más de once mil libros- pasen a depender del museo y que sus restos, en cumplimiento de su propio deseo, sean enterrados en el patio de la entrada principal, a manera de custodio permanente, para que los visitantes sepan que allí estuvo y pisó fuerte uno de los mejores compiladores de las costumbres y tradiciones bolivianas.

El museo, que fue inaugurado el 29 de mayo de 2002, es dependiente del Gobierno Autónomo Municipal de El Alto y el primer patrimonio cultural de la ciudad. Ahora sólo falta que se convierta en un espacio más dinámico, con una biblioteca considerable y un predio al cual deben acudir los niños, jóvenes y adultos, para apreciar los cuadros, leer las obras literarias y constatar que, a veces, un granito de arena puede llegar a ser una espléndida montaña, como le hubiera gustado a don Antonio Paredes Candia, quien fue un amante desmedido de la lectura y el arte desde su infancia.

En la planta baja del museo se encuentra la sala de artes gráficas y acuarela denominada “Wálter Solón Romero”, la misma que posé 11 obras de arte en exposición y una vitrina de Arte Sacro en la cual se exhiben pinturas coloniales y esculturas. En esta misma planta se encuentra instalada la sala de pinturas “Antonio Llanque Huanca”, con obras de artistas nacionales e internacionales, y, como corolario, aquí mismo se encuentra la sala “Antonio Paredes Candia”, donde pueden apreciarse las ediciones de los libros que escribió a lo largo de su vida y, lo que parece un hecho insólito, donde están algunas de sus prendas de vestir, las condecoraciones que recibió y su escritorio.

En el segundo y tercer nivel se encuentra la sala de arqueología “Carlos Ponce Sanginés”, en la que se exponen 161 piezas arqueológicas entre metales y líticos. Asimismo, se encuentran tres figuras del Ekeko, con su vestimenta de los años 1890, 1900 y 1945. Desde este nivel, es cuestión de subir unas gradas para ingresar en la sala de escultura denominada “Víctor Zapana Serna”. Aquí se encuentran las esculturas realizadas en diferentes materiales, como piedra, mármol, madera, bronce y cerámica; obras de grandes maestros como Víctor Zapana Serna, Marina Nuñez del Prado, Fausto Aoiz, Agustín Callisaya, Emiliano Luján, Gil Imaná, Gonzalo Condarco, Alfredo La Placa. Gíldaro Antezana, Mario Conde, Roberto Mamani Mamani, Ricardo Pérez Alcalá, Alfredo Saiquita, Efraín Ortuño, Fernando Montes y Alejandro Sanz, entre otros.

Ya dije que el museo está ubicado en el corazón de la zona de Ciudad Satélite. No sé si esto es suficiente para que sea visitado por la gente, pero tengo la sensación de que ya constituye un monumento a la cultura en esta urbe de aguerridos luchadores. De modo que don Antonio Paredes Candia puede descansar tranquilo, porque si bien no hizo realidad su sueño de cambiar el nombre de El Alto por el nombre del caudillo indígena Túpac Katari, al menos dejó bien plantando un museo que es el orgullo de los alteños y en el cual él depositó todo su amor y sabiduría.

martes, 16 de octubre de 2012


LOS CARTONEROS ACERCAN A LOS ESCRITORES NOVELES AL PÚBLICO

Yerba Mala Cartonera, con siete años de experiencia, presenta actualmente 
un catálogo de apróximandamente 60 obras.

La editorial Yerba Mala Cartonera a lo largo de siete años de funcionamiento, dedicada a difundir la literatura que la considera como un bien accesible, promociona también a autores noveles.

A propósito de su participación en la VI versión de la feria internacional del libro en Cochabamba, EL DIARIO realizó una entrevista con los responsables de esta institución independiente.

EL DIARIO (ED) ¿Hace cuántos años Yerba Mala Cartonera desarrolla este tipo de actividades?

Yerba Mala Cartonera (YMC): Desde el 2005, Yerba Mala Cartonera (YMC) surge en la ciudad de El Alto, uniéndose al movimiento cartonero que germinaba por Latinoamérica.

ED: ¿Quiénes componen Yerba Mala?

YMC: Los fundadores fueron Crispín Portugal y Beto Cáceres.

ED: ¿Cuáles eran sus objetivos iniciales y éstos han cambiado con el tiempo?

YMC: Los principales objetivos siempre serán mantenernos en una línea de difusión de trabajos literarios de calidad, usar la tapa de cartón como praxis y ética del trabajo cartonero que no pretende difundir la literatura como algo VIP, sino más bien accesible, lúdico y económico a nuestros lectores. Con el tiempo lo que se ha buscado es consolidarnos con mayor fuerza como una editorial independiente, que busca nuevas maneras de distribución y difusión de sus libros.

ED: ¿Cuáles son las lecciones aprendidas después de varios años realizando esas actividades?

YMC: Que después del stress de la diagramación y el diseño, hacer libros como panes que entran al horno, respiramos y es muy alentador ver los productos: Vadik Barrón, por ejemplo, después de publicar con nosotros tuvo una mención honrosa en el Yolanda Bedregal, o Milenka Torrico que decidió irse a estudiar Literatura a la UMSA, y también en ese proceso salió la publicación Preview. Más allá de los reconocimientos que tienen los autores es apostar por la literatura, seguir a pesar de todo.

ED: ¿Cuál es el desarrollo de las cartoneras en América Latina?

YMC: Los cartoneros son un movimiento, no es una afirmación atrevida, sino más bien realista, ya que Eloísa cartonera surge en Buenos Aires al calor de el cacerolazo y la protesta de varios grupos vinculados con la literatura que estaban muy molestos con las editoriales que mezquinamente venden sus libros como objetos de lujo. Después de este primer momento y surgimiento de la edición cartonera, con tintes especiales, ya que los cartoneros son personas agrupadas en un rubro económico en Argentina que recolectan cartón y lo cambian por unas cuantas monedas, se expande el movimiento editorial y no cartonero en el sentido argentino, hasta Perú con Sarita Cartonera, Chile con Animita Cartonera, Paraguay, Uruguay hasta Europa y hasta incluso África.

ED ¿Qué contactos tienen con otras cartoneras?

YMC: Los contactos con otras cartoneras son entrañables, por la proximidad de nuestras propuestas, compartir ideas, estéticas, hasta en el encuentro que tuvimos de las cartoneras del Mercosur en Paraguay con el apoyo de Felicita cartonera quisimos armar el “Bloke Kartonero”, pero en concreto son pocas las iniciativas que han logrado realizarse.

ED ¿Qué obras tienen en su “catálogo”?

YMC: Muchas alrededor de 60, las publicaciones recomendables: “Las Adelas” (Antología poesía y narrativa de escritoras bolivianas), “Heroínas sin Coronilla”, “Viscarra en cartón” (Antología fruto de una convocatoria a concurso de poesía y narrativa en honor a Viscarra), “Nos vemos en el K’ullku vida mía relatos de la llarqay Plazuela Osorio”, etc.

ED ¿Cuál es su evaluación sobre la feria del libro cochabambina?

YMC: Es una feria que desde el año pasado se ha ido proyectando de manera empresarial, vemos que existe una voluntad por varios expositores para lograr difundir la literatura, pero los precios de sus libros son elevados para el común denominador.

Fuente: EL Diario, 16/10/2012

domingo, 14 de octubre de 2012


RELATOS BREVES DE ROBERTO “BETO” CÁCERES


 En una terminal de buses

Mi mamá tenía que viajar a La Paz, pero primero me dijo que vayamos al parque a tomar helado. El helado de canela con leche estaba rico, aunque no estaba tan rico como el de mi abuela. Desde que ella se había muerto ya no íbamos a visitar a nadie, porque mi mamá me decía que todos los parientes eran malos. Creo que el único bueno para ella era el nuevo tío que estaba a nuestro lado. Me lo pidieron un helado y diciendo: «vamos a dejar los bultos a la terminal, ahorita volvemos», me dejaron sentado en la acera. Yo, sonso, tomaba y tomaba el helado sin saber que este tío malo se la estaba robando, y ni siquiera tenía para pagar el helado.
Pasarelas

[Bombillas] ¡Universidadpradosanfranciscocejasatélite!

¡Cejapérezuniversidad6deagostoisabelacatolica! Es todo el día desde que he empezado a trabajar como ayudante de minibús. Al principio no sabía cómo anunciar y menos cobrar. He trabajado por primera vez con el Rugrats, en esta misma línea del 257 que va desde Ciudad Satélite hasta SanJorge.

[Rugrats] El Bombillas era un gil, al momento de ponerse a vocear por primera vez parecía que quería tomar un poco de aire... no, no, mucho aire. Empezó a sudar y apenas decía seguido nuestra ruta. Lo peor era cuando me hacía ver como cojudo porque ya estabámos en la Pérez y seguía diciendo: "Pérez un boliviano, Pérez un boliviano..." ¡Hay otros más vivos che!

[Bombillas] Ahora no me he hecho engañar ni un centavo, lo único que me molesta es este jefe. «¡chango! ¿Me estarás cobrando bien no?». «Deberías fijarte al otro. Mira, nos ha pasado, qué cojudo eres. Abrí más rápido la puerta. ¡Puta che! Parece que no has desayunado... ¡Anuncia más fuerte, pues!». Este gordo..., y ciego de paso. Vas a ver, qué te crees para reñirme tanto. Y al terminar el día, lo que estaba esperando... «No, no. Vengan esos bolsillos». T'ejeta, no sabes... «Ahora, sácate los zapatos...» ¡Esa patada duele!

[Floricienta] Como al sonso le gustaba tomar los refrescos en bolsita con dos y hasta tres bombillas, todos ya le decían Bombillas. Él tomaba para no estar ronco. Yo le enseñé pues. Ya pasado un tiempo de sus primeras veces como serrucho, ya diestro, quién le va enseñar sino, salía a alaraquear su madera de ayuco y hasta quería ganarme al gritar. ¡Ja! Pero nadie me. Esta noche nos iremos a jugar stret faiter y no le dejaré ganar, le voy a hacer sudar, para qué me puso «Floricienta».


[Bombillas] Imagínate un minibús con capacidad para 14 pasajeros, con 20 sentados. Ese es mi minibús, o sea, yo les he acomodado anoche hasta la Ceja. Al llegar a la parada el Pájaro Loco me ha preguntado cuánto había hecho y diciendo «está bien», ¡me ha dado 20 pesos! Aunque sabe que le jalo cinco o diez pesitos más para mi ají de fideo y mi tilín, él no me dice nada. Pero mañana me esperará a las cuatro, dice que tal vez tengamos que venticuatrear.

[Pájaro Loco] Por lo que he visto nomás. El Bombillas no se va con uno y con otro. Siempre peguea con un jefe por más de un mes y no jala mucho como otros mañudos. Primero estaba con el Rugrats, luego con el Suchani, y después de que he visto que era bien bala y k'amanea bien, le he dicho que vueltee conmigo.

En una estación de trenes, sin trenes

A veces se suben borrachos y borrachas y no se acuerdan ni dónde viven. Yo estaba acostumbrado a esto pero una noche subió apenas una mujer rara. Me preguntaba cada rato que cuánto es el pasaje. Yo no la había visto bien por lo despeinada que estaba. Luego de prender el foquito para cobrar, de repente me dijo: «¿Miguel? ¡Hijito!».
De “Línea 257”, Ed. Yerba Mala Cartonera, El Alto, 2006.

EL AUTOR

Roberto (Beto) Cáceres, aunque nació en Copacabana, en 1979, está considerado como escritor alteño. Co-director de la editorial artesanal Yerba Mala Cartonera, un proyecto social, cultural y comunitario sin fines de lucro. Es autor de La vida es siesta (Editorial Lulu, 2005), Línea 257 (Yerba Mala Cartonera, 2006) y de varios cuentos publicados en revistas nacionales y extranjeras. Obtuvo el premio de crítica Amalia Gallardo en 2001. Mantiene su excelente página digital:  http://estanteboliviano.blogspot.com/, que mereció el premio de cultura Award Thinking en 2007.

viernes, 5 de octubre de 2012


ALTIPLANO


Óscar Cerruto

1.

El Altiplano es inconmensurable como un recuerdo.

Piel de quirquincho, toca con sus extremos las cuatro puntas del cielo,
sopla su armada brisa de bestia.
El Altiplano es resplandeciente como un acero.
Su soledad de luna, tambor de las sublevaciones,
solfatara de las leyendas.
Pastoras de turbiones y pesares,
las vírgenes de la tierra alimentan la hoguera de la música.
Los hombres, en el metal de sus cabellos,
aíslan el caliente perfume de los combates.

Altiplano rayado  de caminos y de tristeza
como palma del minero.

2.

El Altiplano es frecuente como el odio.
Ciega, de pronto, como una oleada de sangre.

El Altiplano duro de hielos
y donde el frío es azul como la piel de los muertos.
Sobre su lomo tatuado por las agujas ásperas del tiempo
los labradores aymaras, su propia tumba a cuestas,
con los fusiles y la honda le ahuyentan pájaros de luz a la noche.
La vida se les tizna de silencio en los fogones
mientras las lluvias inundan sus huesos y el canto del jilguero.

3.

Altiplano sin fronteras
Desplegado y violento como el fuego.

Sus charangos acentúan el color del infortunio.
Su soledad horada, gota a gota, la piedra.

EL AUTOR

Óscar Cerruto (La Paz, 1912 – 1981). Poeta, narrador, periodista, biógrafo, diplomático. A los 14 años fue reportero de "La Verdad" y años después director de "El Diario". Su novela está inspirada en la Guerra del Chaco y sus cuentos marcan el inicio de la narrativa moderna en Bolivia. Trabajó en la Cancillería y fue embajador de Bolivia en Uruguay (1965). Obras principales: “Aluvión de fuego” (1935), “Cifra de las rosas y siete cantares” (1957), “Cerco de penumbras” (1958), “Patria de sal cautiva” (1958), “Estrella segregada” (1973), “Reverso de la transparencia” (1975), “Cántico traspasado” (1975), “Poesía” (1985) y “La muerte mágica”  (1988).


jueves, 4 de octubre de 2012


ENTREVISTA A LUIS FERNANDO "FADO" CHOQUE


El hip hop en El Alto, movimiento que fusiona ideología y arte

A pesar de que este estilo nació como un arte protestante, para estos jóvenes es hoy un modo de expresar sus alegrías y tristezas en los pocos espacios que se los permite.

Las experiencias vividas, la pobreza, la discriminación y la coyuntura política, social y económica, son algunas de las principales fuentes de inspiración que usa el joven alteño para interpretar el rap, que es parte de la cultura del hip hop, como forma de expresión e instrumento de lucha. Las líricas y rimas reflejan el “corazón” y pensamiento del rapero, el cual toma el micrófono o tan sólo eleva su voz para ser escuchado por gente que se identifique con sus canciones.

En la actualidad, el hip hop en El Alto se constituye en un movimiento que fusiona ideología y arte. Se remonta a finales de 1960 en Estados Unidos, surgió con las comunidades latinoamericanas de barrios populares y afroamericanos con cuatro pilares fundamentales, el MC, los DJ’s, el breakdance y el grafiti. En 1980 inicia el movimiento del hip hop con unos adolescentes afroamericanos que buscaron su autoafirmación a las luchas callejeras y delincuencia de bandas. Al pasar los años este “género” fue cambiando y traspasando fronteras hasta llegar a la joven ciudad de Bolivia.

“El hip hop nos llega desde Estados Unidos, allá ha ido cambiando se ha vuelto una música de antivalores, más lucro, más consumo y cosas así; pero acá en Bolivia, tras su llegada en los 90 y algo, ha tomado otras raíces. Formas de expresarse. Si bien otros temas te hablan de moda, de sexo, de amor, el hip hop te habla de una realidad. A nosotros nos ha impulsado entrar en este rubro el hablar de nuestro barrio”, manifiesta Luis Fernando Choque, más conocido como “Fado”, rapero de 23 años de edad oriundo de la ciudad de El Alto.

Los versos en aimara han hecho que a través del rap se exprese con total libertad el mensaje que quieren transmitir, al mismo tiempo, el joven alteño a logrado ser reconocido y aceptado con su identidad andina. La vestimenta con pantalones extensos y a la cadera, en mujeres y hombres, la camisa, chompa y hasta el peinado (en otros casos la pañoleta en la cabeza, gorra o chullo) ha provocado que la gente, en algunos casos, los margine y los tilde como “maleantes”, “ladrones”, “pandilleros” o como jóvenes alienados por la cultura norteamericana, este fue también el caso de Fado, quien le relató a EL DIARIO parte de su experiencia en la calle cuando salió a “rapear” con un grupo de amigos.

“Organicé el primer evento en una plaza de la zona 3 de Mayo, ahí invité a los cuates y había aceptación, entonces la ideal era expresarse solamente. Pero la gente nos decían maleantes váyanse a otro lugar, nos decían que estamos viniendo solamente a fomentar vicios o pintar paredes”, recuerda Luis Fernando.

A continuación, El DIARIO le presenta una entrevista con este reconocido personaje de la música en El Alto.

¿Qué es el hip hop para ti?

El hip hop es el único que refleja la verdad, no le importa pegar simplemente quiere decir lo que el artista refleja, su experiencia a la vez es una forma de conocimiento, es como un libro que se graba y se transmite. La idea del Hip Hop es cambiar una sociedad, su entorno, tal vez no se puede cambiar el entorno, pero cambiar tu mismo, de ahí se empieza.

¿Cómo llega el hip hop a El Alto?

Acá el hip hop nos llega desde Estados Unidos, allá es como el reggaetón se ha vuelto una música de antivalores, más lucro, más consumo y cosas así; pero acá, cuando ha llegado en el 90 y algo, ha tomado otras raíces, formas de expresarse. Si bien otros temas te hablan de moda, de sexo, de amor, el hip hop te habla de una realidad.

¿Qué te impulsó a insertarte en este mundo?

A nosotros (grupo Alto Lima Rima) nos ha impulsado hacer hip hop la realidad, el hablar de nuestro barrio, porque imagínate que Alto Lima lo conocen pero sólo hasta cierto punto, hasta donde está asfaltado, pero más allá no. La Faboca, la Cuarta sección, la fábrica de Calaminas, las antenas, es otra realidad no tan alejada, es donde nosotros hemos crecido desde chiquitos, hemos visto también como nos influencia la gente de “abajo” de la ciudad de La Paz, la televisión, la radio, entonces quería sacar eso y entonces por eso le hemos puesto el nombre de “Alto Lima Rima” porque rima.

¿Cómo fue tu infancia?

Como la de todos los niños de El Alto, creciendo en un barrio alejado, ahí en una zona de tierra, jugando con barro, jugando con los renacuajos de los pozos, correteando con autitos de lata de bidón.

Mi mamá siempre estuvo trabajando, todo el día, era gremial y mi papá fabril entonces me dejaban con mis cuatro hermanos en la casa; ahí tiro para la calle y conocí amigos y empezamos a vivir lo que es esto.

¿Qué mensaje transmites con tu música?

Muchas cosas, como Fado. Se usa el hip hop para expresar, ya sea el pensamiento malo o bueno, es como liberarse, por ejemplo cuando estas caminando se te mete una piedra al zapato y te da vergüenza sacarte en la calle, no sé por qué; pero estas caminando y esperas un lugar solito y te lo sacas. Así es el pensamiento, como una piedra en el zapato. Cuando haces hipo hop lo escribes, lo grabas y lo sueltas en tarimas es como quitarte la piedra del zapato, para eso se usa, para expresar el pensamiento; pero de un tiempo a éste me di cuenta que hacer hip hop no tiene o no se sabe a dónde está llegando simplemente estas pensando (…) de ahí es que tomas conciencia y agarras un hip hop y lo vuelves social, tratas de que los jóvenes se identifiquen con lo que voz has vivido, por lo general lo dedico a mi propia persona y para la persona que se identifique con lo que yo he vivido, lo que pienso y lo que siento.

¿De qué hablas en el hip hop?

De mis vivencias, pero en el sentido de que identifiquemos cuáles son nuestros problemas en común, el cómo vivir en una zona muy alejada y a la par es muy distinto vivir en la zona Sur, son preguntas que a la par también tienen su respuesta, entonces hablamos de un contenido que inquieta, por ejemplo, el barco del Tipnis que yo no quería tomar en cuenta, pero viendo como ha actuado el Gobierno, cómo han actuado los de allá; entonces vos empiezas a crear tu propia percepción, el decir yo estoy a favor del Gobierno, del Tipnis o en contra.

¿Qué personajes caracterizas en las canciones?

Vienen por etapas, al principio cuando hemos empezado personificando a la gente de barrio. Como jóvenes inmersos en las pandillas, la violencia juvenil, la discriminación hacia los jóvenes; entonces te arraigas en ese papel porque también lo estás viviendo, pasa un tiempo y te arraigas de ese tiempo, sales para ir a estudiar , quieres estudiar superarte… en ese trajín te levantas de tu casa chocho, has dormido bien, has hecho tu tarea pero en el camino que tal si no hay movilidad, ya encuentras auto como quiera, pero de repente notas que el chofer te trata mal o veces trata mal a una mujer anciana que está con su bulto entonces esas cosas te hacen pensar.

Llegar a La Ceja o al centro y ver esa gente que está ahí amontonada y está corriendo apurada, igual que vos y vez que eres parte de ellos, porque igual estás corriendo con tu mochila y hay gente que está ahí en la calle votada, no tiene esa preocupación y está provechando pidiendo limosna, es otra cosa, otra realidad.

Te identificas con eso porque es parte de tu ciudad no está lejos. Este mambo de ser boliviano su identidad, el ser católico, cristiano, quechua andino y al final somos todo, vas a la iglesia los domingos pero también ch'allas y vas a los carnavales. Hacer esto es política, no lo que hacen en el parlamento o en el gobierno que sólo están cobrando dinero y no hacen nada sólo show.

¿Qué pensamiento transmites con tu música?

La política acá es la acción, no se trata de hacer leyes, la política es accionar y el mensaje que quiere llevar Fado es simplemente llevar un mensaje consciente. Un joven cuando sale de su casa (colegio) ¿que hará con su vida? Por más que quiere estudiar si no tiene el factor económico no tienes pues con que, no puede cumplir sus sueños.

¿Cuál es la diferencia entre el hip hop y el rap?

El rap es una forma de vida. Rap ritmo y poesía, breakdance, grafiti, el DJ y el MC. Es música de protesta es contestatario mientras que el hip hop es como una cultura.

¿Actualmente a qué te dedicas además del rap?

Estaba estudiando una carrera técnica, hice mis pasantías, pero no quiero trabajar porque las empresas te ponen horarios, me gustaría hacer música pero no se vive de esto, por el momento me dedico a trabajos efímeros como ayudante de albañil, taller de costura, artesanal o lo que haya. Entonces agarras lo poco que tienes y organizas eventos (funciones de rap en calle o centros culturales).

Con el hip hop no se genera dinero. Las producciones son personales, siempre y cuando se tenga un conocimiento de programas. Si la producción de nuevos discos tuviera un poquito más de calidad podría llegar a comercializarse. Los que la consumen son gente escaza o algún interesado de fuera del país, un extranjero que viene de por ahí.

¿Qué experiencias tienes cuando sales a cantar a la calle?

Al principio no nos daban espacio fácilmente para tocar, cantar, expresarnos, sólo había una rosca que tenía el sonido, los contactos, el dinero, entonces te pones a pensar y dices ¿eso en envidia o es simplemente desunión en el equipo? porque igual que yo habían hartos cuates que quería cantar.

Me vine al Wayna Tambo, ahí se reunían jóvenes que tenía un programa de radio, entonces conocí más gente que te abría las puertas. Ahora estamos con un evento que se denomina “Microfonía” libertad de expresión y rap en extensión. También hicimos eventos en la UPEA.

¿Cómo les trata la gente cuán los ven en la calle?

Cuando organicé el primer evento en una plaza, 3 de Mayo, invité a los cuates y había aceptación por parte de ellos, pero la gente nos decían maleantes, váyanse a otro lugar. Es un estigma, una tara mental que no se la puede quitar, nosotros nos sentíamos discriminados, pero a la vez le agradezco a la gente porque nos ha dado fuerzas, es como para decirles te voy a enseñar si me estas criticando bien o mal. Si te dicen maleante puedes tomarlo de dos formas, o me volveré así y robaré su dinero o, les dices les voy a demostrar que no soy esa clase de personas, entonces lo puedes tomar de ese lado y nosotros vamos por ese lado, el de demostrar a la sociedad que hip hop construye y que es una forma de expresarse, una forma de vivir.

¿Qué línea ideológica siguen?

Con eso nos hemos topado el año pasado en un evento que se denominaba rap política y conciencia, ha venido un joven que tenía su pensamiento “trosko”, otro comunista, un socialista otro katarista y un evista crenado un sinnúmero de confusiones, hay varias tendencias, nosotros hemos optado por no seguir esa corriente sino aprender, es decir, buscar vivir mejor que otros. // Fuente: El Diario

DOS RELATOS DE CRISPÍN PORTUGAL


Almha, la vengadora / Línea 257


Uno

La luna hecha astilla cayó e hizo temblar sus senos pequeños nevados torrencialmente; pero repletos de ternura, escupió y se frotó rápidamente las manos temblorosas respondiendo innatamente al flujo consanguíneo que circulaba fogosamente por sus venas. Mientras que en un apretado espacio de las graderías de un no más que pequeño anfiteatro se escuchan gritos alargados, achatados, enroscados, atascados en fin, bastante emocionados que con mucho esfuerzo se puede entender: ¡Almha¡ ¡Almha! ¡Almha!

Dos

En estas horas domésticas se dice por ahí que el sol es atacado y después devorado por la luna y las estrellas. Éstas se apoderan del brillo del astro padre que, casi muerto con un poco de descanso, se recupera una y otra vez, así como las caídas del khari khari: dentro del cuadrilátero, fuera del cuadrilátero, debajo del cuadrilátero; a la derecha, a la izquierda, al este, al oeste; en todas partes del escenario que mucha gente un buen tiempo murmuró de ello y hasta algunos transformaron la ´´K´´ del inicio de su nombre adoptado en el ring por una ´´K´´ de K H A I D O R.

¡Veeeeeeeencido! ¡veeeeeeeencido! ¡veeeeeeeencido!... quinientas sesenta y seis veces tuvo que tragarse esta enorme palabra, anestesiado por el dolor y callado por el bullicio. Domingo encima de domingo, domingo tijereteado, domingo planchado, domingo eléctrico, domingo galáctico, domingo volador, domingo quebrado.

Tú y tú como dos

Tembló tu carne al escuchar la voz negra en la tarde, mientras ella con su viento lo nublaba todo con polvareda, dejándonos en la penumbra sin ser noche. Mi cuerpo empezó a absorber la humedad, la tristeza de estas paredes tiesas olor a trago, mareándonos más de lo que habíamos bebido. Me acerqué a ti que te dejabas escapar por la ventana, te veías flotando impulsada por el fuerte ventarrón sin que las venteras, que tiritaban de frío y recogían en sus aguayos sus mercancías, se percatasen de tus cabellos que se enredaban en las rejillas de algunas pasarelas.


Quisiste recorrer la planicie de esta ciudad pero la montaña canosa con el nombre del joven carcomió tu tiempo calculado.


Cerraste los ojos y buscaste en mí un poco de calor, te abracé con fuerza, froté tu espalda y te retorciste. Quise cortar tus cabellos, cuando empezaste a llorar, toque tu mejilla de barro y un gemido eficaz como tu llanto escapó de tus labios: te hacía daño, pues todo tu ser estaba malogrado y al borde del derrumbe; entonces comprendí que nuestro calor se esfumó.

El ámbar de este silencio se ahumó, se vio terriblemente estrujado, mis ojos vidriosos reflejaban el catre, el bacín que sirvió de cenicero, el perchero con cariz de arlequín, el velador donde se desvanecían unas monedas, donde yacen tiesas unas llaves, donde brillan unos sobres nerviosos. Ahí estás tú quitándote la ropa aprisa, segura, decidida, secándote las lágrimas para después meterte en la cama y cubrirte con las frazadas sucias, dejándome un espacio que sin lugar a dudas lo ocuparía.